sábado, 28 de enero de 2023

Argentina 1985. La utopía que nos presenta reside en el Pasado



“El sadismo no es una ideología política, ni una estrategia bélica, sino una perversión moral”
 una de las frases del Fiscal Strasera en su acusación final en el Juicio a las Juntas.

De un lado y del otro, en salas y en las escenas de las audiencias del Juicio a las Juntas, se vive la misma emoción. La ficción cruza la barrera y se derrama en la realidad. Aplausos para todos.

Mientras el pasado se convirtió en el lugar a donde ir a buscar un bálsamo, un lugar común, como una necesidad de un cierto reencuentro y es así que  la utopía reside en el Pasado. Importante,  nuestro pasado el modo que como sociedad encaramos ese inicio de reparación en su contexto histórico. Y la afirmación que es una película de la democracia, no de la dictadura- aunque la pone en carne viva a sus consecuencias- y hecha en democracia, que no es poco. 

Generar esa ilusión de sincronía y provocar esa forma de comunión social son, sin duda, logros genuinos de  Argentina 1985 , con Darín y Lanzani,  en los roles de los fiscales del proceso que llevó ante la Justicia a nueve jefes militares, responsables de los crímenes cometidos por el aparato represor durante la última dictadura.

La película, es casi perfecta en su ritmo, en la dosificación del humor y del (melo) drama. Tremendamente eficaz, sobre todo, en la construcción de un relato que persuade de que las cosas pasaron como las cuenta la película. Esta última virtud representa un problema enorme, porque se elige narrar las alternativas del juicio eludiendo casi por completo la trama histórica y la densidad política que tuvo el hecho.

La película se centra en los dilemas personales y en el trabajo de construcción de prueba realizado contrarreloj por el fiscal Julio César Strassera (Darín) y el fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo (Lanzani), más una especie de microjuventud maravillosa encarnada por chicas y chicos que recogieron testimonios de víctimas del terrorismo de Estado.

Puesto  en el plano de buscar  lo que no dice o lo que falta, por ejemplo, nada sobre el trabajo (con marchas y contramarchas) que realizó el gobierno de Raúl Alfonsín para impulsar el juicio, ni de los Movimientos por los Derechos Humanos que se creó en el país sin el cual no solo el juicio no hubiera sido posible, sino tampoco, quizás, esa temprana democracia. 

Porque ese juicio, presentado como fundante, fue en realidad resultado del trabajo de los organismos de derechos humanos luego  la creación de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y la entrega, en 1984, del informe Nunca Más, que daba cuenta de la magnitud del horror y constituyó una base testimonial sin precedentes. 

También es importante plantear que es cine y que el cine no puede o no tiene porque decir , todo lo que debe decir y hacer la política o contar fielmente la historia. 

La película da  a entender que, en clave de épica personal, todo fue el resultado del empeño heroico de los fiscales para cambiarle la cabeza a la sociedad argentina. Mi pretensión es que tuviera mas amplitud en esa dirección, que fue mucho pero mucho más que el trabajo probatorio de los fiscales.  

Porque la decisión de ir a las historias mínimas, a los intríngulis familiares y al tejido cotidiano deja al filme en una suerte de limbo histórico. Demasiadas licencias poéticas, podría decirse. No sería un problema para otras películas, pero sí lo es para esta ficción tan emotiva, porque se  transforma en  políticamente inerte, esterilizada.

Con un poco más de contexto, con valentía, Argentina 1985 quizá podría haber abierto el plano y haber sido un filme justo con mayor vocación de verdad. Todo esto en las pretensiones del hubieran o hubiesen hecho, siempre tan presentes cuando se ve desde una butaca VIP. Es una buena película que en un juicio mas fino,  se hace la distraída, que vuelve a poner en la discusión pública el tema de la democracia y la violación de los Derechos Humanos, pero le sustrae su musculatura histórica. 

Lo valorable repito es que es una película sobre la democracia, con todas las imperfecciones, y que si hay para interpelar o para impuganar  es a la política o en su caso a los historiadores, no a los directores de cine. No pretendo que toda la verdad surja de esa iniciativa.

Estoy seguro que mi visión desordenada, cuenta con un alto grado de subjetividad, de ningún modo pretendo ser neutro, estos temas tienen muchos costados para analizar. Reitero es cine.   

Ojalá que, en caso de pasarse en colegios, como sucede habitualmente los 24 de marzo con la versión de  La noche los lápices, se acompañe su difusión  con un mínimo de Historia.

 

No hay comentarios: