Más y
mejor educación física en las escuelas de nivel primario y nivel medio
Oscar Demuru -Fundación Fundar
La educación física debe contar con la
misma jerarquía curricular que matemáticas o lengua, para combatir el
sedentarismo y las adicciones digitales.
Desde Fundación Fundar trabajamos desde
siempre en la promoción del deporte y su valor, junto a los clubes y
organizaciones deportivas.
Hoy, más activamente que nunca, buscamos estimular
la actividad física sistemática y el deporte en niños y
adolescentes, entendiendo que representan un atajo frente a muchas de las
dificultades actuales, producto del uso excesivo de celulares, que
están haciendo estragos según advierten profesionales de todas las áreas. Adicciones
digitales, sedentarismo, soledad, entre otras.
En Mendoza, el 98% de los niños y adolescentes entre
4 y 18 años están escolarizados, lo que constituye un patrimonio
importante. Esto nos lleva a plantear que la institución que debe funcionar
como centro de gravedad para generar políticas públicas en
este sentido es la escuela. Pero no cualquier escuela: una escuela con
más recursos. Por eso, proponemos una idea concreta que permita visibilizar
el problema y poner sobre la mesa del debate público —entre el Gobierno y la
comunidad— una solución posible.
Otorgar a la educación
física, como materia en los niveles primario y secundario, la misma jerarquía
curricular que a matemáticas, lectura y comprensión de contenidos.
De esa manera, con más recursos, se lograrían más
estímulos semanales, más actividades, mejor
infraestructura y más elementos disponibles, entre otros
beneficios.
Actualmente, los niveles primario y medio tienen solo dos
estímulos semanales, lo que resulta claramente insuficiente. Está
demostrado que la educación física, en cualquiera de sus modalidades, moviliza
el cuerpo y mejora la calidad de vida. Sabemos que el juego es motor del desarrollo: permite compartir con otros,
fomenta el trabajo en equipo, la alegría, la pasión, la solidaridad, el
compromiso y el respeto de las reglas. Valores que, al ser estimulados,
generan hábitos, y estos a su vez comportamientos que
se traducen en conductas que, en la mayoría de los
casos, acompañarán a las personas durante toda su vida.
Está claro que no alcanza con mejorar los razonamientos y la
comprensión. Frente al abuso de las pantallas y sus efectos, hay que generar
estímulos que le den vida al cuerpo en toda su dimensión. Una vida con exceso de celular es una vida sin
cuerpo: un cuerpo quieto y una mente sobreinformada, sobreestimulada, que no
logra comprender ni metabolizar lo que recibe. Esto deriva en ansiedad,
angustia y frustración.
Vale señalar que las familias, en general, aportan
muy poco a la solución desde el hogar. Puede resultar antipático decirlo,
pero muchas de ellas depositan a sus hijos en la escuela desentendiéndose
del proceso educativo, y solo aparecen para reclamar o quejarse.
Esta realidad también debe visibilizarse y explicitarse.
La escuela, único espacio de encuentro para niños y
adolescentes, debe actuar ya, con más recursos para hacerlo. Porque
también la Escuela está colapsada frente a las demandas que debe atender, sean
de aprendizaje, emocionales, familiares y a veces alimentarias. Esperar a que
las familias tomen conciencia puede hacernos perder un tiempo valioso,
porque el
deterioro de las conductas crece al ritmo del avance tecnológico. Eso no significa
excluir a los padres: hay que incorporarlos más efectivamente al
proceso educativo.
Como sociedad, estamos claramente diagnosticados:
un amplio espectro de profesionales advierte que la vida de niños,
adolescentes y buena parte de la sociedad está secuestrada por el exceso de
celulares.
Por supuesto, esto requiere más recursos y una
conducción educativa eficaz e inteligente por parte del sistema Educativo. Por
eso hay que abrir el debate.
Hay que actuar ahora. El tiempo de espera solo favorece el avance del
fenómeno que enfrentamos. Y
el sujeto a proteger, en esta instancia, son los niños y adolescentes de
nuestra provincia.
Desde Fundar, estamos dispuestos, como siempre, a trabajar en
la construcción de este bien colectivo.
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