Es el grupo, la construcción colectiva la que nos acompaña en el tránsito cotidiano de la vida, el que le pone fin o amortigua los atentados y sabotajes que nos hacemos a veces frente a las contingencias que por momentos nos dan ganas de bajarnos de la realidad, buscando que una excusa sensata, le dé la razón a esa conducta inapropiada. Por eso es importante el grupo y los otros; que seamos nosotros los que junto a nuestra familia que es vital y también junto a otros y otros, nos demos aire y evitemos caer en esos lapsos de renuncia, no al sacrificio, sino al disfrute de muchos espacios de tiempo.
Digo esto para que lo sepan
aquellos con quienes comparto grupos; la importancia de esta edificación de uno
más uno es fundamental, pues así se arma el nosotros. Eso da sentido a la vida,
nos integra nos saca del aislamiento y nos hace crecer.
No es magia ni nada nuevo, es
tan antiguo como el hombre, pero al decírnoslo, quizás nos compromete más con
nosotros y con los otros. Especialmente quienes hemos abrazado la causa de la
política.
He aprendido que hacer
una sociedad justa, no es sólo un
trabajo político, pese a que la política esté involucrada. Hay mucho por lograr
si conseguimos abordar los problemas de nuestra vida común incorporando pensamientos
ajenos a la política.
No me refiero a los trabajos
académicos o técnicos que suelen no
llegar a destino, sino a mil formas de
experiencia y búsqueda que la sociedad ha multiplicado en los últimos años y
que son parte de la riqueza cotidiana, pero no suelen proyectarse sobre la
función pública, o que no suelen hacerlo con toda la libertad con que sería
deseable.
Si la política no es algo más que lo que ella misma implica, no vamos a
ningún lado.
No es desde la rigidez ideológica de donde cabe esperar el brote de una
Argentina mejor. Tiene
más sentido aludir a la sabiduría y solidaridad popular; a esa energía que
sabemos usar en la intimidad y que no encuentra aún un camino político claro.
Así es que la política no puede monopolizar esa
salida, pero es su deber liderarla, y para ello se requiere de una férrea y
sólida construcción humana; en equipo,
con pertenencia, compromiso, conducción,
objetivos claros y sentido de lo colectivo.
Esto requiere de conducción en
su sentido más amplio y generoso, no de
liderazgos “ungidos” que se presentan a
sí mismos como la única alternativa de justicia y reivindicación para el
proceso histórico de una sociedad.
Puede que sea observado como un planteo algo inocente pero, en todo caso,
¿no es mejor que “juguemos con las ideas” a que reproduzcamos escepticismo?
Espero que lo aprovechemos.
No hay límites de tiempo ni
reglas al respecto.
Nunca es muy tarde para ser
quienes queremos ser.
Just do it (Sólo hazlo)
- Nike

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