La desnudez a la que nos somete el COVID no tiene excepciones. Muestra con su peor cara las heridas sociales como la pobreza estructural de la marginalidad en villas y asentamientos en las grandes urbes, la carencia de infraestructura mínima, la debilidad de las cadenas productivas en general y la deficiente organización estatal en todos sus niveles, que alcanza desde la recaudación hasta la prestación de servicios esenciales. No es difícil entender cómo, frente a esta realidad, la mayoría de los titulares de órganos ejecutivos (Presidente, Gobernadores e Intendentes), sean, paradojalmente, los únicos que crecen en sus valoraciones públicas. Ponerse al frente y resolver, aunque a medias en algunos casos, la emergencia, es mucho más rentable en lo inmediato que mostrar resultados de fondo en el mediano y largo plazo. Es el facilismo de la inmediatez y la urgencia. Una especie de somnífero o anestesia para no analizar lo que viene detrás...
Pero volviendo al comienzo, la desnudez no tiene excepciones. No solo muestra datos y fotos de la realidad. También muestra almas, mentes, personalidades, acciones de las personas. Esas cosas que no están en las estadísticas, pero las crean. Que no figuran en ningún índice, pero los conforman. Me refiero a las elites dirigenciales en su conjunto. La elite política primero, porque su propia raíz es totalizadora. "Todo es política" se enseña en los palotes de la militancia. Pero sería injusto dejarla sola - y desnuda...- en medio de este escenario. A su alrededor, las elites empresarias, sindicales, científicas, universitarias, comunicacionales, etc. etc. Una linda descripción para explicar esta Argentina corporativa que se asemeja mucho más al Antón Pirulero donde cada uno atiende su juego que al concepto de "comunidad organizada" que como Peronistas consideramos como propio pero que también es receptado por otros pensamientos.El COVID en este caso no ha mostrado eso.
Lo que muestra es algo peor. Que no nos hacemos cargo. Que muy pocos asumen liderarla en serio. Que muy pocos quieren salir de su "zona de comodidad". Y mucho peor que todo eso, que desde ya es una tragedia. Que muy pocos se dan cuenta que esta es, como cualquier crisis, una oportunidad. ¿Para qué? Precisamente para empezar a salir del fracaso, para tratar de construir algo distinto sobre los escombros que muestra la desnudez.
Revisemos el concepto de "elite". obviamente, despojado de cualquier visión sectaria, clasista, ofensiva. Se trata de una "minoría rectora" que, despojándose de sus intereses sectoriales, coadyuva a la búsqueda del interés común. Una vanguardia, una primera línea del pensamiento y la acción que, como si fuera una simbología bélica, está dispuesta a abrir la brecha que derrote al enemigo y permita que por esa brecha transite el resto del pelotón
Ese es el punto. Abramos la brecha para el debate, para la acción concreta. Salgamos de la zona de comodidad. Que no es ayudar a servir un plato de comida en un merendero. O si, es eso, pero mucho más. Es hacernos cargo humildemente del fracaso y desde esa posición buscar salir del fracaso. Porque tampoco es una buena "zona" convivir con la autocrítica y la critica a otros solo para "llenar el espacio con los medios".
En fin, se requiere mucha grandeza. Para pensar, planificar, discutir y concretar. Un nuevo modelo federal, un esquema productivo innovador basado en el espíritu emprendedor, que se inocule desde la escuela en la primera infancia y se estimule en la edad juvenil con asistencia a proyectos que generen valor y empleo. Y mucho más
Tampoco es tan difícil interpretar porque el
trío Nación, Provincia y Caba-AMBA- (1) monopolizan la imagen
y la agenda de la emergencia, desde las pantallas y los micrófonos globales. La
respuesta es simple y dolorosa. Porque eso es una consecuencia natural de la
concentración unitaria que supimos conseguir y no corregir en los últimos 50
años, tomando como punto de partida caprichoso, si se quiere, los comienzos de
la década del 70. No podría pretenderse algo distinto en un País que, al más
puro estilo del diseño ingles de los ferrocarriles de principios del siglo 20,
fue construyendo todas sus políticas desde el interior hacia el puerto. Dato
histórico del triunfo de Buenos Aires sobre el país, hecho que es determinista
de nuestra formación asimétrica como País. Somos sólo Buenos Aires y algunas
provincias.
En nuestros tiempos de COVID y
desnudez, surge claramente que el flujo " interior/AMBA" solo sirvió
para quedarse allí mismo, transformado en villas de emergencia, burocracia
parasitaria, corrupción de guante blanco y de guante negro, grieta social,
comunicativa y política, etc. etc. La foto más trágica de la decadencia
Argentina. Para peor, una foto en la que ni el fotógrafo queda fuera.
Porteños y Provincianos, todos
hemos sido parte del tobogán. Y para desnudar eso ni falta que hacía un COVID
No hacía falta una pandemia para
saber de esa desviación corporativa. Esa
realidad es preexistente.
La premisa es aprovechar que los
cimientos ya están sacudidos, para construir sobre ellos nuevas oportunidades
de progreso. Eso. Nuevas oportunidades y opciones de desarrollo humano, social
y económico que nos saquen del pozo . ¿Tan difícil es? Por lo que estamos
viendo, que es el desnudo total, si seguimos apostando con las mismas fichas,
el resultado será el mismo. De nosotros depende.
(*) Buenos Aires concentra el 40% de la población del País. Sólo el conurbano bonaerense representa el 25% de la Población, con 11 millones de habitantes.

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