Puedo afirmar que hay, no que hubo, un ESPACIO, EMOCIONAL Y FISICO que me otorgó la plenitud de cumplir mis deseos JUGANDO y que me permitió sentir alegrías y tristezas al mismo tiempo, aunque siempre ganó la alegría.Les aseguro que fuera de mi familia, este lugar inspiró en mí garra, pasión, solidaridad, expectativas y seguridad. Sobre todo seguridad.
Ese Espacio, MÁGICO, ES una cancha de BASQUET.
Horas antes de ir jugar, el solo hecho de pensar que estaría allí ya me ponía feliz. Y cuando me tocaba entrar, ese era mi lugar en este mundo.Sentía todas esas emociones pero por sobre todo, la alegría de jugar y sentir esa seguridad tan pocas veces vivida.
Por favor, no entiendan esto como una autovaloración pero la certeza de saber qué hacer, cómo hacerlo, con quiénes hacerlo y sentir que además podía hacerlo jugando me afirmaba y me constituía como soy.
Sentir que en ese momento éramos mis compañeros y nuestros adversarios los únicos habitantes de este Planeta disfrutando de lo que se nos presentaba como única alternativa para recorrer el camino seguro que conduce a la felicidad, es una experiencia maravillosa que nada tiene que ver con la nostalgia.
Todavía tengo bien vivas esas emociones.
Si me lo permiten, les puedo dejar este humilde y para nada pretensioso mensaje:
A quienes abrazan el Deporte, sea cual fuere, disfruten el ESPACIO EMOCIONAL Y FISICO que su Deporte les proporciona con toda la intensidad posible y todo el tiempo que su cuerpo se los permita.Es tan sencillo, que solemos no darnos cuenta de la magnitud que este simple hecho tiene y de lo que representa durante el tránsito por la vida. Descubrir lo que a uno le gusta, lo que lo apasiona o lo que uno desea y poder cumplirlo en ese ESPACIO, es una bendición.
Siéntanlo así y no aflojen ni abajo del agua.

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