sábado, 7 de enero de 2023

Vicios y Remedios

“En nuestra sociedad no soportamos los vicios, pero tampoco los remedios”

 

Esta frase sintetiza, con mucha dureza, nuestros comportamientos individuales y a la vez colectivos, como sociedad. Todos queremos derechos, de ser posibles retroactivos, imprescriptibles y vitalicios, pero no vinculados a ninguna obligación. Se trata de la sociedad en su conjunto, y como parte del comportamiento del ser humano, que, por su naturaleza, guste o no, brega por el máximo beneficio al menor costo, y que el liberalismo político, más amplio que el económico ha sabido interpretar al comprender la naturaleza humana. 

La frase del comienzo, parece que fuera de nuestros días, pero su autor, es Tito Livio historiador romano (59 AC) quien tenía una sólida relación con el emperador Augusto. 


Y es evidente que son las reglas, las normas, en síntesis, la cultura, la que va dando forma a poder convivir en comunidad donde el Hombre, no cumple con las mismas por su bondad y sus principios éticos sino porque el costo de no cumplirlas es mucho mayor. Y es esto que Freud, hace más de 100 años en su libro el Malestar en la Cultura, libro de lectura simple, de carácter antropológico y hace notar la molestia del hombre con los límites, las reglas, la cultura. 

Esto a propósito del debate permanente de este Gobierno y del anterior de otorgar beneficios conociendo el carácter insostenible de muchos de ellos, pero nos llegan   como ganados y bien ganados como merecedores de eso y mucho más y no distinguen sectores sociales que cada cual se ponga el sombrero… (programas sociales, subsidios a los servicios públicos para todos, valuación de los bienes a un quinto del valor de mercado y más…)  todo para todos y en la idea que ¨ ya se va a arreglar o algo va a venir´, como si fuéramos habitantes de un mundo diferente. Los derechos se ganan, se construyen y deben compensarse con obligaciones o bien con costos de otros sectores. Es así que cada vez que se dan estos anuncios sobre beneficios, se reflotan con un fervor inflamable los símbolos, las banderas, las turbulencias, las hostilidades más feroces de ambos lados sin poder ver más allá desde un pensamiento en acción colectivo, que somos un mismo lado el lado de lo que hacemos como comportamiento social. Y entonces la Política aparece con una fuerte presencia, pero tan difusa y contradictoria que solo agrega más vacíos más distancia, menos conciencia.A los Gobiernos los tienta la idea del reparto, es simpático el SI, es molesto el NO, sólo cambian en todo caso la fuente de financiamiento, pero conscientes de esa falsedad que hace al Estado insostenible, y por tanto más injusto.¿ Y entonces?

Un límite es no hacer nada, y las experiencias las hemos vivido, la reciente 2001-2002, donde el costo lo pagaron los más vulnerables y los primeros en resarcirse de los mismos, fueron los poderosos con la asimétrica devaluación, el sistema financiero con la restitución de sus pérdidas con el BODEN 2012, y bastante después los otros- el montón-esta película en nuestra Argentina es la cuarta o quinta edición. El otro límite encarar un proceso de saber que nación somos, que identidad tenemos, no la que nación somos que identidad tenemos, no la que queremos, sino la que hemos ganado, entonces el  debate adquiere profundidad en tanto se quiera salvar las bases del País aún con sus cimientos sacudidos  no es menor,  para construir sobre ellos nuevas oportunidades de progreso. Eso. Nuevas oportunidades y opciones de desarrollo humano, social y económico que nos saquen del pozo. ¿Tan difícil es?  Para eso es vital romper la nostalgia enfermiza por realismo de lo que somos capaces de dar, de tener acuerdos mínimos de saber adonde ir , como transitar el nuevo tiempo   ¿Habrá conciencia de la política de conducir este proceso, para sentar bases de solidez, dentro de un marco de equidad? Dejo el interrogante. Por lo que veo dudo no puedo afirmarlo y entonces es probable que estemos en la antesala de continuar con el  fracaso, que traerá otra revolución maquillada, pero con los mismos principios, falsos, y como la democracia legitima, esa falsedad seguirá, siendo la moneda más corriente.

 


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